25 de mayo de 1950
Escuela
de entrenamiento de cadetes de la Guardia Imperial
> En
el pasado, repetidamente les hemos reiterado que la valentía es la
característica natural de los etíopes, que no necesitan pedirlo prestado
en ninguna parte, y que la posesión por parte del pueblo etiope de dicha
cualidad genuina es ampliamente reconocida. El hecho de que ya les
hayamos explicado nuestra consideración respecto a ustedes, hace
innecesario que hoy insistamos extensamente en ello.
>
La armoniosa mezcla del entrenamiento militar con el valor inherente, no
sólo evita derramamiento de sangre en vano, sino que también asegura una
victoria sin la necesidad de hacer un esfuerzo excesivo. Unas cuantas
tropas bien disciplinadas y entrenadas, y la historia es testigo de
ello, pueden ganar una batalla contra una fuerza superior, aún hasta
diez veces más grande. La historia nos revela que la ciencia militar le
permitió a Alejandro Magno conquistar una gran parte del mundo,
combatiendo con sus 30.000 soldados contra los 600.000 de su enemigo. La
educación y la capacitación, como en todo aspecto de la vida, también
ofrecen beneficios sin límites en el campo militar.
>
Nacido para luchar en este mundo, el hombre comprende gradualmente los
milagros de la “luz” y asocia este conocimiento a ser su primer
instrumento de defensa contra los combates de la vida, prefiriendo,
después de eso, no transitar en la oscuridad. Ustedes, muchachos, a
quienes hemos entregado el arma poderosa de la “luz”, deben esmerarse al
máximo por llevar la antorcha de la luz, negándose inexorablemente a
volver al mundo de la oscuridad. Los resultados de su capacitación, que
acaban de ser demostrados, son un asunto de orgullo para su Emperador y
una fuente de fortaleza para su país. Cada vez que somos testigos de
este logro progresivo, nos sentimos muy felices, esperando con ilusión
el amanecer del día cuando anunciemos el cumplimiento de nuestro plan
para el bienestar de nuestro pueblo.
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No existe una persona ajena en
este mundo ajena a la responsabilidad de la vida. Esta responsabilidad
nos ordena a cumplir con el deber hacia nuestro país, sirviendo y
muriendo por él. Nadie, sea soldado o civil, puede darse el lujo de ser
un cobarde y escapar a esta responsabilidad. Afortunadamente, en estos
momentos no existe la necesidad de utilizar nuestras fuerzas armadas, ya
sea aquí en nuestro territorio o en el extranjero. Pero cuando sus
servicios sean requeridos, la fuerza militar a la que ahora nos
referimos, será una garantía para la libertad e independencia. Que Dios
los ayude a cumplir el juramento que ustedes han hecho a su Emperador
y a su país.
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Estamos profundamente
satisfechos de los servicios brindados por el Comandante del Cuerpo
de la Guardia Imperial, el Brigadier General Mulugueta Bully,
al llevar a cabo eficientemente nuestras directrices, y a todos los
instructores por su dedicación a la tarea de capacitar a los
estudiantes.
Su Majestad Imperial Haile Selassie I
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