17
de octubre de 1957
Capacitación
de enfermeras
> No
existe nada que cause más sentimientos de alegría y felicidad en nuestro
corazón que ver a la juventud de nuestra tierra crecer y madurar
mediante la obtención de la educación, sin importar el ámbito en donde
de desarrolle. Todo el conocimiento que pueda ser extraído de la fuente
de la educación, no solo contribuye al bienestar de la humanidad y al
desempeño de los actos humanitarios, sino que también es un verdadero
pilar defendiendo la libertad de un pueblo. Es mediante la fuerza del
conocimiento obtenido de la educación que el hombre desarrolla sus ideas
y lleva al éxito sus esfuerzos.
>
Al tener ustedes vocación por la
enfermería –el cuidado y atención de los enfermos- ustedes han tomado
una noble decisión, ya que esta es una de las verdaderas profesiones
humanitarias. Sin embargo, no siempre será en hospitales bien
acondicionados donde ustedes tendrán que llevar a cabo sus tareas;
tendrán que ir a todo tipo de lugares donde solo les espera fatiga y
problemas. Su entrenamiento y su profesión hacen que esto sea su
obligación. ¡Pero, que grandioso es estar preparados para ayudar a sus
compatriotas, torturados por el dolor y afligidos por sus enfermedades
–trayéndoles por igual descanso y alivio al cuerpo y al alma! Quizás
para ustedes esto sea algo rutinario, pero el paciente que recibe sus
cuidados seguramente los sentirá y apreciara profundamente.
>
Una vez que
ya hemos expresado esto, es necesario que hoy les reiteremos los
consejos que en 1956 les dimos a sus hermanas enfermeras, durante
la ocasión cuando igualmente recibieron de nuestras manos sus
certificados de graduación: “Su profesión exige disciplina de
estudio y apego a la obediencia y al deber, la disciplina del
autocontrol e integridad, y la disciplina de la dedicación de toda una
vida al aprendizaje, ya que el conocimiento no conoce limites. Si
ustedes toman estas disciplinas fundamentales como los principios que
las guíen, su trabajo será de la más alta calidad”. Ustedes
tienen que ser enfermeras, no solo de nombre, sino verdaderamente en las
obligaciones de ese noble llamado.
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Hoy estamos
colocando la primera piedra de una extensión, que –subsidiada por un
fondo conjunto etiope-sueco- velará, junto con este hospital, por el
cuidado de la salud de niños y madres embarazadas. Estamos muy
complacidos de que adicionalmente a sus otras funciones, este
establecimiento proveerá capacitación para la profesión de enfermería.
Esperamos que la escuela prospere proporcionando un número adecuado de
enfermeras.
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Nuestra
adorada hija, la Princesa Tsahi Haule Selassie, quien fue llevada
en plena flor de su juventud, completó su entrenamiento como enfermera.
Siguiendo el ejemplo de Florence Nightingale, ella buscó no solo
su propia comodidad y satisfacción, sino que se sacrificó en el servicio
del enfermo y del sufrido. Ella se dedicó con sincera dedicación y
compasión a socorrer y consolar al enfermo. ¡Ustedes, que trabajan o
aprenden en este hospital que lleva su nombre, deben evocar este ejemplo
en su corazón y en sus mentes!
Su Majestad Imperial Haile Selassie I
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