El
Predicador
Libro
de Eclesiastés
1
Palabras del predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo
es vanidad.
¿ Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana
debajo del sol?
Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.
Sale el sol y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde
se levanta.
El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo,
y a sus giros vuelve el viento de nuevo.
Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde
los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.
Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar;
nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.
¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será.
¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay
nuevo debajo del sol.
¿ Hay algo que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los
siglos que nos han precedido.
No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá
habrá memoria en los que serán después.
Yo el Predicador fui rey
sobre Israel en Jerusalén.
Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo
que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos
de los hombres, para que se ocupen en él.
Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo
ello es vanidad y aflicción de espíritu.
Lo torcido no se puede enderezar y lo incompleto no puede contarse.
Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y
he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mi en
Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.
Y dedique mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender
la locura y los desvaríos; conocí que aun esto es aflicción de espíritu.
Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade
ciencia añade dolor.
2 Dije yo en mi
corazón: Ven ahora, y te probaré con alegría, y gozarás de bienes.
Mas he aquí esto también era vanidad.
A la risa dije: Enloqueces y al placer: ¿De qué sirve esto?.
Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi
corazón en sabiduría, con retención de necedad, hasta ver cual
fuese el fin de los hijos de los hombres, en el cual se ocupan debajo
del cielo todos los días de su vida.
Engrandecí mis obras, edifiqué para mi casas, planté para mi viñas;
me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.
Me hice estanques de agua para regar con ellos el bosque donde crecían
los árboles.
Compre siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también
tuve posesión grande de vacas y de ovejas, mas que todos los que
fueron antes de mi en Jerusalén.
Me amontone también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de
provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los
hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.
Y fui engrandecido y aumentado mas que todos los que fueron antes de
mi en Jerusalén; a más de esto conserve con migo la sabiduría.
No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparte mi corazón
de placer alguno, porque mi corazón gozo de todo mi trabajo; y esta
fue mi parte en toda mi faena.
Mire yo luego todas las
obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tome yo para
hacerlas; y he aquí todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin
provecho debajo del sol.
Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y
la necedad; porque ¿Qué podrá hacer el hombre que venga después
del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.
Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las
tinieblas.
El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas;
pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como
al otro.
Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá
también a mi. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme
más sabio? Y dije en mi corazón, que esto también era vanidad.
Porque ni del sabio ni del necio abra memoria para siempre, pues en
los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el
sabio como el necio.
Aborrecí por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo
del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de
espíritu. Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo
del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí.
Y ¿quien sabe si será sabio o necio el que se enseñoreara de todo
mi trabajo en el cual me afane y en el que ocupe debajo del sol mi
sabiduría? Esto también es vanidad.
Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón en todo el trabajo
en que me afane y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.
!Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia, y con rectitud,
y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajo en ello!
También es esto vanidad y mal grande.
Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su
corazón, con que se afana debajo del sol?
Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias
aun de noche su corazón no reposa.
Esto también es vanidad.
No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma
se alegre en su trabajo.
También he visto que esto es de la mano de Dios.
Porque ¿quien comerá, y quien se cuidará, mejor que yo?
Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo;
mas al pecador da el trabajo de juntar y amontonar, para darlo al que
agrada a Dios.
También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
3 Todo tiene su
tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de
arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de
destruir y tiempo de edificar; tiempo de llorar y tiempo de reír;
tiempo de endechar y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y
tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de
abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y
tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de
callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer;
tiempo de guerra, y tiempo de paz.
¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
Yo he visto el trabajo que Dios a dado a los hijos de los hombres para
que se ocupen en él.
Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón
de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho
Dios desde el principio asta el fin.
Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor alegrarse, y hacer
bien en su vida; y también es don de Dios que todo hombre coma y
beba, y goce el bien de toda su labor.
He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello
no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios para que
delante de el teman los hombres.
Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo
que pasó.
Vi mas debajo del sol: en
lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí
iniquidad.
Y dije yo en mi corazón: al justo y al impío juzgara Dios; porque
allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se
hace.
Dije en mi corazón: es así, por causa de los hijos de los hombres,
para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son
semejantes a las bestias.
Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las
bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los
otros, y una misma respiración tienen todos: ni tiene mas el hombre
que la bestia; porque todo es vanidad.
Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al
mismo polvo.
¿Quien sabe que el espíritu de los hombres sube arriba, y que el espíritu
del animal desciende abajo a la tierra?
Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que
alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿Quién lo
llevara para que vea las cosas que sucederán después de el.
4 Me volví y vi
todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las
lagrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza
estaba en las manos de sus opresores, y para ellos no había
consolador.
Y alabe yo a los finados, los que ya murieron, más que a los
vivientes, los que viven todavía.
Y tuve por mas feliz que unos y otros al que no ha sido aún,
que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.
He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras
despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es
vanidad y aflicción de espíritu.
El necio cruza sus manos y come su misma carne.
Mas vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos
con trabajo y aflicción de espíritu.
Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol.
Esta un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano;
pero no deja nunca de trabajar, ni sus ojos se sacian de sus riquezas,
ni se pregunta: ¿Para quien trabajo yo, defraudo mi alma del bien?
También esto es vanidad, y duro trabajo.
Mejor son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
Porque si cayeren, el uno levantara a su compañero; pero !hay
del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que le levante.
También si dos durmieren juntos, se calentaran mutuamente; mas
¿Cómo se calentara uno solo?
Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón
de tres dobleces no se rompe pronto.
Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que
no admite consejos; porque de la cárcel salió para reinar, aunque en
su reino nació pobre.
Vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el
muchacho sucesor, que estará en lugar de aquél.
No tenia fin la muchedumbre del pueblo que le seguía; sin
embargo, los que vengan después no estarán contentos de él. Y esto
es también vanidad y aflicción de espíritu.
5 Cuando fueres a la
casa de Dios, guarda tu pie; y acércate mas para oír que para
ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.
No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a
proferir palabra delante de Dios; porque Dios esta en el cielo, y tu
sobre la tierra; por tanto sean pocas tus palabras.
Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud
de las palabras la voz del necio.
Cuando a Dios haces promesas, no tardes en cumplirlas; porque él
no se complace de los insensatos. Cumple lo que prometes.
Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.
No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel,
que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje por causa de
tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las
muchas palabras; mas tú, teme a Dios.
Si opresión de pobres y perversión de derechos vieres en la
provincia, no te maravilles de ello; porque sobre lo alto vigila otro
más alto, y uno más alto esta sobre ellos.
Además, el provecho de la tierra es para todos; el rey mismo
esta sujeto a los campos.
El que ama el dinero, no se saciara de dinero; y el que ama el
mucho tener, no se sacara fruto. También esto es vanidad.
Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los
consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus
ojos?
Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero
al rico no le deja dormir la abundancia.
Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas
guardadas por sus dueños para su mal; las cuales se pierden en malas
ocupaciones, y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano.
Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose
tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.
Este también es un gran mal, que como vino, así también haya
de volver. ¿Y de que le aprovecho trabajar en vano?
Además de esto, todos los días de su vida comerá en
tinieblas, con mucho afán y dolor y miseria.
He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y
beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga
debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque
esta es su parte.
Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le
da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce
de su trabajo, esto es don de Dios.
Porque no se acordara mucho de los días de su vida; pues Dios
le llenara de alegría el corazón.
6 Hay mal que he
visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres: El del hombre
a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo
que su alma desea; pero Dios no le da facultad de disfrutar de ello,
sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso.
Aunque el hombre engendrare mil hijos, y viviere muchos años, y
los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sacio del
bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es
mejor que él.
Porque este en vano viene, y a las tinieblas va, y con tinieblas
su nombre es cubierto.
Además, no ha visto el sol, ni lo ha conocido; más reposo
tiene éste que aquél.
Porque si aquel viviere mil años dos veces, sin gustar del
bien, ¿no van todos al mismo lugar?
Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su
deseo no se sacia.
Porque ¿Qué más tiene el sabio que el necio? ¿Qué más
tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?
Mas vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es
vanidad y aflicción de espíritu.
Respecto de lo que es, ya ha mucho que tiene nombre, y se sabe
que es hombre y no puede contender con Aquel que es mas poderoso que
él.
Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más
tiene el hombre?
Porque ¿Quién sabe cual es el bien del hombre en la
vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa
como sombra? Porque ¿Quién enseñara al hombre que será después de
él debajo del sol?
7 Mejor es la buena
fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día
del nacimiento.
Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque
aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su
corazón.
El corazón de los sabios esta en la casa del luto; mas el corazón de
los insensatos, en la casa en que hay alegría.
Mejor es ir la reprensión del sabio que la canción de lo necios.
Porque la risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo
de la olla. Y también esto es vanidad.
Ciertamente la opresión hace entontecer al sabio, y las dadivas
corrompen el corazón.
Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de
espíritu que el altivo de espíritu-
No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en
el seno de los necios.
Nunca digas: ¿ Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron
mejores a estos? Porque nunca de esto preguntaras con sabiduría.
Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el
sol-
Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría
excede, en que da vida a sus poseedores.
Mira la obra de Dios; porque ¿Quien podrá enderezar lo que el torció?
En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad
considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre
nada halle después de él.
Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece
por su justicia, y hoy impío que por su maldad alarga sus días.
No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás
de destruirte?
No hagas mucho mal`, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir
antes de tiempo?
Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano;
porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo.
La sabiduría fortalece al sabio mas que diez poderoso que haya en la
ciudad.
Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca
peque.
Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que
no oigas a tu sirvo cuando dice mal de ti; porque tu corazón sabe que
tú también dijiste mal de otros muchas veces.
Todas las cosas probé con sabiduría, diciendo: Seré sabio; pero la
sabiduría se alejo de mi.
Lejos esta lo que fue; y lo muy profundo, ¿quien lo hallara?
Me volví y fije mi corazón para saber y examinar e inquirir la
sabiduría y la razón, y para conocer la maldad de la insensatez y el
desvarío del error.
Y he hallado mas amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es
lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapara de
ella; mas el pecador quedara en ella preso..
He aquí que esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas
una por una para hallar la razón; lo que aun busca mi alma, y no lo
encuentra; un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todas
estas nunca hallé.
He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto,
pero ellos buscaron muchas perversiones.
8 ¿Quién como el
sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La
sabiduría del hombre ilumina su rostro, y la tosquedad de su
semblante se mudará.
Te aconsejo que guardes el mandamiento del rey y la palabra del
juramento de Dios.
No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas;
porque él hará todo lo que quiere.
Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quien le dirá : ¿que
haces?
El que guarda el mandamiento no experimentara mal; y el corazón del
sabio discierne el tiempo y el juicio.
Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; porque el mal
del hombre es grande sobre él; pues no sabe lo que ha de ser; y él
cuando haya de ser; ¿quien se lo enseñara?
No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el
espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en
tal guerra, ni la impiedad librara al que la posee.
Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo que debajo del
sol se hace; hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para
mal suyo.
Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honra; mas los que
frecuentaban el lugar santo fueron luego puestos en olvido en la
ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad.
Por cuanto no se ejecuta sentencia sobre la mala obra, el corazón de
los hijos de los hombres esta en ellos dispuesto para hacer el mal.
Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo
yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que
temen ante su presencia; y que no le irá bien al impío, ni le serán
prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no teme delante
de la presencia de Dios.
Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quien sucede
como si hicieran obras de impíos, y hay impíos que sucede como si
hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.
Por tanto, alabé yo con alegría; que no tiene el hombre bien debajo
del sol, sino que coma y beba y se alegre; y que esto le quede de su
trabajo los días de su vida que Dios le concede debajo del sol.
Yo, pues, dedique mi corazón a conocer sabiduría, y a ver la faena
que se hace sobre la tierra (porque hay quien ni de noche ni de día
ve sueño en sus ojos); y he visto todas las obras de Dios, que el
hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho
que trabaje el hombre buscándola no la hallara; aunque diga el sabio
que la conoce, no por eso podrá alcanzarla.
9 Ciertamente he
dado mi corazón a todas estas cosas, para declarar todo esto: que los
justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; que sea
amor o que sea odio, no lo saben los hombres; todo esta delante de
ellos.
Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso acontece al
justo y al impío; al bueno, al impío y al no impío; al que
sacrifica y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al
que jura como al que teme el juramento.
Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo
suceso acontece a todos, y también que el corazón de los hijos de
los hombres esta lleno de mal y de insensatez en su corazón durante
su vida; y después de esto se van a los muertos.
Aún hay esperanza para todo aquel que esta entre los vivos; porque
mejor es perro vivo que león muerto.
Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada
saben, ni tienen mas paga; porque su memoria es puesta en olvido.
También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca mas
tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.
Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón;
porque tus obras ya son agradables a Dios.
En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento
sobre tu cabeza.
Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de
tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu
vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que
te afanas debajo del sol.
Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas;
porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni ciencia, ni sabiduría.
Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni
la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los
prudentes la riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo
y ocasión acontecen a todos.
Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son
presos en la mala red, y como las aves que se enredan en el lazo, así
son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae
de repente sobre ellos.
También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande:
una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un
gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se
halla en ella en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la
ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre.
Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la
ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus
palabras.
Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejor que el clamor
del señor entre los necios.
Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador
destruye mucho bien.
10 Las moscas
muertas hacen heder y dan mal olor al perfume del perfumista; así una
pequeña locura, al que es estimado en sabio y honorable.
El corazón del sabio esta a su mano derecha, mas el corazón del
necio a su mano izquierda.
Y aun mientras va el necio por el camino, le falta cordura, y va
diciendo a todos que es necio.
Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu
lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas.
Hay un mal que he visto debajo del sol, a manera de error emanado del
príncipe: la necedad esta colocada en grandes alturas, y los ricos
están sentados en lugar bajo.
Vi siervos a caballo, y príncipes que andaban como siervos sobre la
tierra.
El que hiciere hoyo caerá en el; y al que aportillare vallado, le
morderá la serpiente.
Quien corta piedras se hiere con ellas; el que parte leña en ello
peligra.
Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir
entonces mas fuerza; pero la sabiduría es provechosa para dirigir.
Si muerde la serpiente antes de ser encantada, de nada sirve el
encantador.
Las palabras de la boca del sabio están llenas de gracia, mas los
labios del necio, causan su propia ruina.
El principio de las palabras de su boca es necedad; y el fin de su
charla, nocivo desvarío.
El necio multiplica palabras, aunque no sabe nadie lo que ha de ser;
¿y quien le hará saber lo que después de él será?
El trabajo de los necios los fatiga; porque no saben por donde ir a la
ciudad.
!Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes
banquetean de mañana!
!Bienaventurada tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes
comen a su hora, para reponer sus fuerzas y no para beber!
Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se
llueve la casa.
Por el placer se hace el banquete, y el vino alegra a los vivos; y el
dinero sirve para todo.
Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara
digas mal del rico; porque las aves del cielo llevaran la voz, y las
que tienen alas harán saber la palabra.
11 Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días
lo hallarás.
Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá
sobre la tierra.
Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramaran; y
si el árbol cayere al sur, o al norte, en el lugar que el árbol
cayere, allí quedara.
El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no
segará.
Como tu no sabes cual es el camino del viento, o como crecen los
huesos en el vientre de la mujer en cinta, así ignoras la obra de
Dios, el cual hace todas las cosas.
Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu
mano; porque no sabes cual es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno
y lo otro es igualmente bueno.
Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver el sol; pero
aunque un hombre viva muchos años, y en todos ellos tenga gozo, acuérdese
sin embargo que los días de las tinieblas serán muchos. Todo cuanto
viene es vanidad,
Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días
de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista
de tus ojos; pero sabe, que sobre todas las cosas te juzgara Dios.
Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal;
porque la adolescencia y la juventud son vanidad.
12 Acuérdate de tu
Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos,
y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos
contentamiento; antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna, y
las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia; cuando temblarán
las guardas de la casa, y se encorvaran los hombres fuertes, y cesaran
las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por
las ventanas; y las puertas de afuera se cerraran, por lo bajo del
ruido de la muela; cuando se levantara a la voz del ave, y todas las
hijas del canto serán abatidas; cuando también temerán de lo que es
alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la
langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre
va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las
calles; antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco
de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea
rota sobre el poza; y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu
vuelva a Dios que lo dio.
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad.
Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseño sabiduría
al pueblo; e hizo escuchar, y compuso muchos proverbios.
Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir
rectamente palabras de verdad.
Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados
son las de los maestros de la congregaciones, dadas por un Pastor.
Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer
muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne.
El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus
mandamientos; porque esto es el todo del hombre.
Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa
encubierta, sea buena o sea mala."
Jah Rastafari
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